ELA: la mayoría de los activos físicamente tienen un '26 por ciento más de riesgo'

Un nuevo estudio revela evidencia de un vínculo entre la actividad física y la esclerosis lateral amiotrófica, lo que respalda la idea de que un historial de ejercicio vigoroso puede aumentar el riesgo de desarrollar el raro trastorno neurológico.

Demasiado ejercicio puede aumentar el riesgo de ELA, particularmente en aquellos que están genéticamente predispuestos.

La investigación, realizada por miembros de un gran proyecto europeo que estudia la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), estudió sujetos en Irlanda, Italia y los Países Bajos.

Los hallazgos se informan en un artículo que ahora se publica en el Revista de Neurología Neurocirugía y Psiquiatría.

Es importante señalar que en ninguna parte del artículo los autores sugieren que el estudio justifique la reducción de la actividad física, o el ejercicio vigoroso en particular.

En cambio, señalan que se ha demostrado que la actividad física protege contra problemas de salud que son mucho más comunes que la ELA, incluida la diabetes, varios cánceres y enfermedades cardiovasculares.

"Disminuir el riesgo de estas afecciones comunes", proponen los autores, "puede ser una compensación con el aumento del riesgo de una enfermedad relativamente rara como la ELA".

ALS y posibles causas

La ELA, también conocida como enfermedad de Lou Gehrig, ataca principalmente a las células nerviosas motoras, o neuronas, que regulan los músculos detrás de los movimientos voluntarios como caminar, hablar y masticar.

El raro trastorno afecta a alrededor de 14.000 a 15.000 personas en los Estados Unidos. Comienza como rigidez y debilidad en los músculos, pero la ELA avanza gradualmente hasta el punto en que el cerebro ya no puede controlar el movimiento voluntario y las personas pierden la capacidad de comer, hablar, moverse y, finalmente, respirar.

Aún se desconoce la causa exacta de la ELA y por qué afecta a algunos grupos de personas más que a otros. Sin embargo, la evidencia sugiere que tanto los genes como el medio ambiente están involucrados.

Varios genes se han relacionado con la ELA, y los estudios indican que influyen en el riesgo de enfermedad de diferentes maneras, desde alterar la estructura y función celular hasta aumentar la susceptibilidad a los factores ambientales.

Los estudios sobre el efecto del medio ambiente en el riesgo de ELA han sugerido que la exposición a sustancias químicas tóxicas, la dieta, las infecciones por virus, el trauma físico, la actividad extenuante y otros factores pueden estar involucrados.

El vínculo con la actividad física surgió a partir de unos pocos estudios pequeños de casos particulares, siendo el más famoso el del célebre jugador de béisbol estadounidense Lou Gehrig, razón por la cual la enfermedad también lleva su nombre.

Pero la evidencia que vincula la actividad física con la ELA no ha sido concluyente, y los autores del nuevo artículo sugieren que la razón principal de esto es que los estudios se han organizado de manera diferente y utilizan diferentes métodos.

Los investigadores calcularon las puntuaciones MET de por vida

Para su investigación de la relación entre la actividad física y la ELA, los científicos analizaron datos sobre sujetos que fueron reclutados para un “estudio de casos y controles” que fue realizado por el proyecto EURO-MOTOR.

Este proyecto está compilando un "modelo ALS computacional robusto y validado" mediante la generación de "conjuntos de datos cuantitativos a gran escala".

Los datos provienen de cuestionarios validados llenados por 1,557 adultos que acababan de ser diagnosticados con ELA y 2,922 individuos emparejados sin la enfermedad. Los participantes, que vivían en Irlanda, Italia y los Países Bajos, fueron emparejados por edad, sexo y lugar de residencia y tenían más de 60 años.

Las respuestas contenían información detallada sobre: ​​nivel educativo; tabaquismo, alcohol y otros hábitos de estilo de vida; historia laboral; y sus niveles de actividad física a lo largo de la vida en el trabajo y durante el tiempo libre.

El equipo convirtió los datos de actividad física en "equivalentes metabólicos de las puntuaciones de la tarea [MET]", que permiten que las calorías consumidas se expresen como una proporción de la cantidad que se quema cuando uno está descansando.

Usando los datos que cada sujeto dio sobre la cantidad de tiempo por semana dedicado a cada actividad y cuántos años duró esa actividad, y refiriéndose a un compendio que da puntajes MET para diferentes actividades, los científicos calcularon un puntaje de por vida de actividad física para cada actividad. persona.

MET de por vida más altos vinculados a un mayor riesgo de ELA

El análisis del conjunto completo de casos mostró que la actividad física durante toda la vida durante las horas de trabajo estaba relacionada con un aumento del 7 por ciento en el riesgo de ELA y un aumento del 6 por ciento en el riesgo de actividad física en el tiempo libre.

La combinación de todas las actividades físicas en el lugar de trabajo y el ocio dio un aumento general del riesgo del 6 por ciento. Este vínculo fue particularmente marcado en los sujetos que vivieron en Irlanda e Italia.

El uso del aumento general del riesgo del 6 por ciento para todas las actividades se traduce en un 26 por ciento más de riesgo de desarrollar ELA en los sujetos que tuvieron los puntajes MET más altos de por vida en comparación con los que tuvieron los más bajos.

Los investigadores también encontraron que el riesgo de ELA aumentó en línea con el aumento de las puntuaciones MET de por vida, lo que respalda la idea de que la ELA es más común en atletas y deportistas profesionales.

Los autores señalan que debido a la naturaleza observacional de su estudio, sus hallazgos no prueban que la actividad física vigorosa realmente cause ELA. Otros factores, como un trastorno metabólico o energético, o incluso un trauma o la dieta, "no se pueden descartar".

"No hay respuestas simples"

En un editorial vinculado al estudio, el profesor Michael Swash, del Royal London Hospital en el Reino Unido, afirma que "no hay respuestas simples" a las preguntas sobre cómo los factores ambientales como la actividad física podrían afectar el desarrollo de la ELA.

Plantea la cuestión de si la actividad física podría aumentar o no el riesgo de ELA a través de la "excitotoxicidad del sistema nervioso central".

La excitotoxicidad es un tipo de muerte de las células nerviosas que se ha observado en personas con ELA. Ocurre cuando el mensajero químico o neurotransmisor glutamato sobreestimula las neuronas.

Pero el profesor Swash advierte que, si bien podría ser "tentador" imaginar que la actividad física aumenta el riesgo de ELA a través de la excitotoxicidad del sistema nervioso central en individuos susceptibles, "cualquier sugerencia de este tipo es, en la actualidad, puramente hipotética".

"No obstante, los datos son intrigantes y merecen una investigación más detallada caso por caso".

Prof. Michael Swash

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