¿Nuestros cerebros son adictos a la información?

Según una nueva investigación, los cerebros humanos realmente están hambrientos de información, y esta hambre puede convertirse en comportamientos poco saludables parecidos a los de comer bocadillos ahora que tenemos acceso ilimitado a información aleatoria.

Una nueva investigación sugiere que nuestros cerebros pueden volverse adictos a la información.

Los humanos son seres curiosos por naturaleza. Buscamos constantemente aprender, explorar y comprender. Sin embargo, es posible que la curiosidad no siempre sea una característica positiva.

El dicho popular “La curiosidad mató al gato” se refiere a buscar conocimiento hasta el punto de ponerse en peligro.

Aunque no exactamente en el sentido que este dicho connota, la compulsión de los seres humanos de hoy en día por buscar información puede tener efectos negativos.

A medida que nos desplazamos con avidez por las redes sociales o leemos artículos al azar del tamaño de un bocado sobre nada en particular, es posible que estemos alimentando nuestro cerebro con el equivalente de calorías vacías.

O, para decirlo de otra manera, nuestro cerebro puede ser adicto a información invaluable que comemos insaciablemente.

¿Por qué es este el caso? En un nuevo estudio, dos investigadores, del Instituto de Neurociencia Helen Wills y la Escuela de Negocios Haas, en la Universidad de California, Berkeley, encontraron que la búsqueda de información accede al mismo código neuronal que la búsqueda de dinero. Sus hallazgos aparecen en la revista. PNAS.

"Para el cerebro, la información es su propia recompensa, más allá de si es útil", dice el coautor y profesor asociado Ming Hsu, Ph.D.

"Y así como a nuestros cerebros les gustan las calorías vacías de la comida chatarra, pueden sobrevalorar la información que nos hace sentir bien, pero que pueden no ser útiles, lo que algunos pueden llamar curiosidad ociosa".

Ming Hsu, Ph.D.

Buscando información por el bien de la información

Según Hsu: “Nuestro estudio intentó responder dos preguntas. En primer lugar, ¿podemos conciliar los puntos de vista económico y psicológico de la curiosidad o por qué la gente busca información? En segundo lugar, ¿cómo se ve la curiosidad dentro del cerebro? "

Para este propósito, los investigadores comenzaron administrando exploraciones de resonancia magnética funcional (fMRI) mientras los voluntarios jugaban un juego de apuestas. En este juego, los participantes tenían que evaluar una serie de loterías y luego hacer una elección, decidiendo cuánto dinero querían invertir para descubrir más información sobre las probabilidades de ganar.

Algunas loterías presentaban información más valiosa, mientras que otras contenían muy poca información. La mayoría de los participantes tomaron decisiones lógicas, considerando el valor económico de la información en cada lotería, y el valor se refiere a cuánto dinero la información dada podría ayudarlos a ganar en el juego.

Sin embargo, hubo una trampa.Cuando había mucho en juego, la curiosidad de la gente por la información aumentaba, incluso cuando esa información no era útil para tomar decisiones sobre el juego.

Con base en esta observación, los investigadores pensaron que el comportamiento de los jugadores probablemente se explicaba por una combinación de motivación económica e impulsos psicológicos (impulsados ​​por la curiosidad).

Por lo tanto, sospechaban que la gente busca información no solo porque tiene valor y puede traerles beneficios, sino también porque simplemente queremos saber, independientemente de si pretendemos utilizar la información o si es útil en absoluto. En el centro de esto está la emoción de la anticipación, señalan los dos autores.

"La anticipación sirve para amplificar lo bueno o malo que parece algo, y la anticipación de una recompensa más placentera hace que la información parezca aún más valiosa", explica Hsu.

La sobrecarga de información es "como la comida chatarra"

Cuando los investigadores pasaron a analizar los escáneres de resonancia magnética funcional, vieron que acceder a la información durante el juego de apuestas activaba el cuerpo estriado y la corteza prefrontal ventromedial, dos regiones involucradas en el circuito de recompensa del cerebro.

Estas áreas también responden al dinero, la comida y las drogas recreativas, y producen dopamina, una hormona y un mensajero químico que juega un papel clave en dirigir la motivación.

Los investigadores también encontraron que el cerebro parecía usar el mismo tipo de "código" neuronal al responder a cantidades de dinero e información sobre las probabilidades de ganar en el juego.

“Pudimos demostrar por primera vez la existencia de un código neuronal común para la información y el dinero, lo que abre la puerta a una serie de preguntas interesantes sobre cómo las personas consumen y, a veces, consumen en exceso, la información”, dice Hsu.

El hecho de que exista un código común para el valor monetario y la información y que active las regiones del cerebro involucradas en el ciclo de recompensa podría significar que las personas podrían volverse adictas a la información.

Esto podría tener implicaciones sobre por qué consumimos información en exceso, como cuando no podemos dejar de verificar las notificaciones en nuestros teléfonos.

"La forma en que nuestros cerebros responden a la anticipación de una recompensa placentera es una razón importante por la que las personas son susceptibles al clickbait", señala Hsu.

Si bien, a lo largo del pasado, la raza humana buscó información con avidez para maximizar las probabilidades de supervivencia, el fácil acceso a información inútil ahora puede conducir a una sobrecarga.

“Al igual que la comida chatarra, esta podría ser una situación en la que se exploten los mecanismos previamente adaptativos ahora que tenemos un acceso sin precedentes a nuevas curiosidades”, advierte Hsu.

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