Demencia: ¿Pueden las bacterias intestinales desempeñar un papel?

A medida que aumenta el interés por las bacterias intestinales, están implicadas en otra afección. Los investigadores identificaron recientemente grandes diferencias en los niveles de bacterias intestinales específicas en personas con demencia.

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Un nuevo estudio relaciona los cambios en las bacterias intestinales con la demencia.

Nuestros cuerpos están llenos de visitantes microscópicos. En nuestra piel, en nuestra boca, en lo profundo de nuestros pulmones y, por supuesto, en nuestro sistema digestivo.

Se sabe desde hace mucho tiempo que las bacterias del intestino ayudan al proceso digestivo, pero en los últimos años ha quedado claro que están involucradas en mucho, mucho más.

Con las bacterias ahora implicadas en condiciones tan diversas como la diabetes y la esquizofrenia, realmente estamos en la era del microbioma.

Recientemente, investigadores en Japón investigaron si las bacterias intestinales podrían, algún día, ayudar en el diagnóstico e incluso en el tratamiento de la demencia.

El Dr. Naoki Saji, del Centro de Atención Integral e Investigación sobre Trastornos de la Memoria del Centro Nacional de Geriatría y Gerontología en Obu, Japón, dirigió el equipo de científicos.

Los investigadores presentarán sus hallazgos en la Conferencia Internacional sobre Accidentes Cerebrovasculares 2019 de la American Stroke Association en Honolulu, HI.

Examinar las heces

Los investigadores reclutaron a 128 participantes de su clínica de memoria. La edad promedio fue de 74,2 años y el 59 por ciento eran mujeres. La capacidad cognitiva se evaluó mediante pruebas neuropsicológicas y se escaneó el cerebro de cada participante mediante resonancia magnética.

Algunos participantes tenían un diagnóstico de demencia; otros no. A continuación, los científicos analizaron muestras de heces para buscar diferencias.

Como esperaban los investigadores, hubo diferencias medibles en las muestras de personas con demencia y de las que no la padecían. En particular, las heces de las personas con demencia tenían niveles más altos de amoníaco, indol, escatol y fenol.

Por otro lado, tanto el indol como el escatol tienen un olor fecal intenso en grandes concentraciones pero, sorprendentemente, en concentraciones más bajas, tienen un olor floral; de hecho, ocurren naturalmente en varias especies de flores.

Cambio en poblaciones bacterianas

En las heces de los participantes con demencia, los científicos también midieron cambios significativos en los niveles de ciertas bacterias intestinales.

Encontraron niveles más bajos del género. Bacteroides, que se consideran bacterias "buenas". Bacteroides descomponen el material vegetal tóxico en azúcares que el cuerpo humano puede utilizar.

También se demostró que las personas con demencia tenían niveles más altos del género Ruminococcus que aquellos sin demencia.

"Aunque este es un estudio observacional y evaluamos a un pequeño número de pacientes, la razón de probabilidades es ciertamente alta, lo que sugiere que las bacterias intestinales pueden ser un objetivo para la prevención de la demencia".

Autor principal, Dr. Naoki Saji

Este estudio no es el primero en relacionar los cambios en las bacterias intestinales con la demencia, pero los científicos todavía están debatiendo exactamente cómo influyen las bacterias intestinales en el cerebro.

Algunos autores creen que debido a que las bacterias intestinales pueden influir en el sistema inmunológico y, por lo tanto, en los niveles de inflamación, esto podría proporcionar parte de la respuesta: la inflamación crónica ya se ha relacionado con afecciones neurodegenerativas.

Esperanza para el futuro

La demencia es una gran preocupación. Actualmente, la enfermedad de Alzheimer, la forma más común de demencia, afecta a aproximadamente 5.7 millones de personas en los Estados Unidos. En todo el mundo, la cifra ronda los 47 millones y se prevé que aumente a 75 millones en 2030.

A medida que la esperanza de vida promedio de la población de EE. UU. Se extiende lentamente, es probable que la demencia aumente gradualmente. Hasta el momento, no existe cura, por lo que los investigadores se centran en comprender los procesos detrás de la enfermedad.

Aunque el ensayo actual fue a pequeña escala, hubo marcadas diferencias entre las muestras de heces. Los investigadores concluyen que "la microbiota intestinal es un factor de riesgo fuerte e independiente para la demencia".

El trabajo futuro deberá separar la causa y el efecto: ¿las diferencias en las bacterias intestinales son el resultado de la demencia o los cambios en las bacterias intestinales desencadenan la demencia?

Este nuevo e innovador estudio proporciona una nueva perspectiva y, quizás, una ruta potencial hacia un diagnóstico temprano y futuras intervenciones.

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