Usar el sistema inmunológico para combatir la adicción

Según una nueva investigación, aprovechar las proteínas específicas que produce el sistema inmunológico puede conducir a mejores tratamientos para la adicción, que es una condición notoriamente difícil de tratar.

Una nueva investigación enfrenta al sistema inmunológico con el comportamiento adictivo.

En 2011, al menos 20 millones de personas en los Estados Unidos tenían una adicción, sin incluir el tabaco.

Se estima que 100 personas mueren por día por sobredosis de drogas, una cifra que se ha triplicado en las últimas dos décadas.

La adicción es un tema complejo que implica una interacción entre la neurociencia, la psicología y la sociología.

Aunque multifacético, en un nivel básico, la dopamina y el sistema de recompensa del cerebro son los principales impulsores del comportamiento adictivo.

A lo largo de los años, nuestra comprensión se ha fortalecido, pero encontrar formas de prevenir el proceso aún está fuera de nuestro alcance.

Como tal, los investigadores están buscando objetivos innovadores y explorando cómo otros sistemas corporales podrían influir en el comportamiento adictivo.

Adicción y sistema inmunológico

Una investigadora involucrada en este esfuerzo es Erin Calipari, profesora asistente de farmacología en el Vanderbilt Center for Addiction Research en Nashville, TN. En particular, está interesada en el papel potencial del sistema inmunológico.

Los mecanismos exactos involucrados en las interacciones del sistema inmunológico con el cerebro aún se están analizando, pero cada vez está más claro que podrían ser importantes para una variedad de afecciones.

El trabajo más reciente de Calipari, cuyos resultados ahora se publican en La Revista de Neurociencia, investiga péptidos inmunes específicos que pueden moderar los circuitos del cerebro.

La proteína que les interesaba es el factor estimulante de colonias de granulocitos (G-CSF). Es una citocina, una proteína que produce el sistema inmunológico que puede afectar los cambios en otras células, y se sabe que influye en la motivación y la toma de decisiones.

El G-CSF tiene una serie de funciones, como promover el crecimiento neuronal y prevenir la muerte celular en el cerebro y la médula espinal. También se ha demostrado que juega un papel protector en los accidentes cerebrovasculares e influye en el aprendizaje y la memoria.

El trabajo anterior de Calipari y su equipo demostró que al manipular los niveles de G-CSF, podían alterar la motivación por la cocaína sin cambiar la motivación hacia otras recompensas.

A partir de esto, llegaron a la conclusión de que el G-CSF podría ser útil para comprender, y tal vez incluso intervenir, en la adicción.

G-CSF bajo el microscopio

En el nuevo estudio, querían profundizar en la interacción entre el G-CSF, la dopamina y la respuesta a la adicción. Según Calipari, descubrieron que "podían apuntar a estos péptidos inmunes y cambiar los antojos que tenían los ratones y las ratas machos de comida y azúcar".

Un tratamiento breve con G-CSF alteró la respuesta de motivación de un animal y mejoró la flexibilidad cognitiva en una tarea de aprendizaje.

Parece que este cambio de comportamiento fue mediado, al menos en parte, por una mayor liberación de dopamina en el núcleo accumbens, que es una parte del cerebro conocida por su importancia en la recompensa y el refuerzo.

Anteriormente, los científicos habían investigado la inflamación en el cerebro como una posible causa de afecciones como la depresión, el Alzheimer y la esquizofrenia. Sin embargo, el G-CSF es uno de los pocos ejemplos de una molécula proinflamatoria que se está investigando por sus posibles beneficios para la salud.

Es poco probable que alguna vez haya una cura única para todos los que padecen una adicción; simplemente hay demasiados factores diferentes involucrados para cada individuo. Sin embargo, Calipari espera que su trabajo pueda ayudar a reducir los antojos mientras las personas afectadas por la adicción trabajan en otros factores involucrados.

“Ahora estamos viendo lo que tenemos que hacer antes de que podamos llevar esto a ensayos clínicos en humanos. Esto es emocionante porque vemos cómo los sistemas periféricos, como el sistema inmunológico, pueden influir en los antojos ".

Erin Calipari

En un impulso por llevar las nuevas ideas a un ensayo en humanos, está trabajando con Drew Kiraly en la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai en la ciudad de Nueva York, NY.

Debido a que ya existe un tratamiento aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) que involucra G-CSF, el camino hacia los ensayos clínicos en humanos podría ser menos complicado que para intervenciones completamente nuevas.

El equipo también está interesado en las variaciones individuales en el riesgo de adicción; ya ha demostrado que las mujeres son más vulnerables a la adicción.

Calipari explica sus objetivos a largo plazo, diciendo: "No vamos a encontrar un tratamiento que solucione todo, pero podemos, eventualmente, enfocarnos en diferentes aspectos de la adicción para pacientes individuales".

Aún no hay un gran salto hacia adelante, pero es muy probable que esta nueva interacción inmunoadicción atraiga mucha atención a medida que se desvela todo su significado.

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